miércoles, 7 de diciembre de 2011

A   ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mi mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados (Sal 24, 1-3).

No hay comentarios:

Publicar un comentario